¿Por qué nos parece atractiv@ cuando tomamos?


¿Cuántas veces nos ha parecido más atractiva una persona tras unas copas de más? Se trata de un tópico muy extendido en la sabiduría popular,protagonista de camisetas, anuncios, películas y todo de tipo de chanzas, de mayor o menor gusto. En el mundo anglosajón se conoce el efecto como las “gafas de cerveza”, pues gracias a la popular bebida fermentada toda la gente pasa a ser sexualmente apetecible.

Una investigación llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Roehampton (Reino Unido), que será publicado en la revista científica Addiction, buscaba probar si el fenómeno de las “gafas de cerveza” era real o sólo partía del chascarrillo. Su conclusión es clara: basta un poco de alcohol para que disminuya la habilidad para reconocer la simetría facial, que juega un papel principal en el atractivo de una persona. Al no reconocer la simetría hay más gente que nos parece atractiva.

El estudio, además, revela que el fenómeno es especialmente pronunciado en las mujeres, a las que les cuesta más distinguir si un hombre es atractivo o no con tan sólo dos copas en el cuerpo.

La simetría, obligatoria para ser atractivo

Por naturaleza el rostro humano es simétrico. Si se traza una línea en el centro ambos lados deberían ser iguales, pero no lo son. Hay muchos factores para que el rostro no sea simétrico y, por lo general, estos no se asocian con la belleza. Además, hay un componente biológico que explica el porqué nos atraen más las caras simétricas: detrás de éstas suele haber buenos genes. En definitiva, la belleza está asociada a un mecanismo por el cual elegimos los especímenes que nos pueden ofrecer una mejor descendencia.

Los voluntarios -101 hombres y mujeres- que participaron en el estudio tuvieron que realizar varias pruebas. Algunos tomaron vodka con tónica y otros una bebida son un sabor similar sin alcohol, a modo de placebo. Los test incluían el estudio de 20 pares de imágenes de rostros que habían sido manipuladas digitalmente para que una de ellas mostrara una asimetría. Se preguntaba a los participantes qué rostros encontraban más atractivos y tras esto se les pedía que juzgaran si los rostros eran o no simétricos. Aquellos voluntarios que habían bebido alcohol mostraron importantes dificultades para distinguir unas caras de otras y cometieron muchos errores en su identificación. Las mujeres cometieron un mayor número de errores.

El doctor Lewis Halsey, autor principal del estudio, ha explicado al diario británico The Independent, que “la gente del estudio no había bebido demasiado, pero habían visto cómo los efectos se incrementaban con la cantidad consumida”. En definitiva, cuanto más alcohol, menos distinguimos la simetría de los rostros y más gente nos parece atractiva, aunque el efecto aparezca con sólo tomar un par de copas.

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